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Menopausia y dolor en las articulaciones: no te lo estás inventando

Llegan diciendo que se han hecho mayores de golpe. Que amanecen tiesas, que les duelen las manos, que ya no son las de antes. Y muchas veces vienen de una consulta donde les han dicho que no tienen nada.

Rosina Touriñán4 min de lectura

Es una de las conversaciones que más se repiten en el centro, y casi siempre empieza igual: con una mujer pidiendo perdón por quejarse. Como si el dolor tuviera que venir con una radiografía que lo justifique para poder contarlo.

Vamos por partes. El dolor articular y muscular es uno de los síntomas reconocidos de la menopausia y la perimenopausia, junto con los sofocos, los problemas de sueño y los cambios de ánimo. Está en las listas de síntomas de las guías clínicas. No es una interpretación mía ni una exageración tuya.

Qué se sabe y qué no

Lo que se sabe: los estrógenos tienen efectos sobre el cartílago, el hueso, el tejido conectivo y también sobre cómo se procesa el dolor, y su descenso coincide en el tiempo con la aparición de estos síntomas en muchísimas mujeres.

Lo que no se sabe con la precisión que a todas nos gustaría: cuánto del dolor de una mujer concreta se explica por eso y cuánto por la edad, por la pérdida de masa muscular, por dormir peor o por la vida que lleva. Desconfía de quien te lo explique todo con una sola causa, incluida yo.

Que un síntoma sea frecuente en la menopausia no significa que todo lo que te pase a partir de los cincuenta sea la menopausia. Sigue mereciendo la pena que te miren.

El patrón que veo en consulta

Hay una imagen que se repite: rigidez al levantarse que mejora en veinte o treinta minutos de moverse, manos torpes por la mañana, hombros y caderas que protestan, y una sensación general de estar oxidada más que rota. Suele afectar a varias zonas a la vez, y va y viene.

Ojo con esto, porque hay cuadros que se parecen y no son lo mismo. Si la rigidez de la mañana dura más de una hora, si hay articulaciones hinchadas y calientes, si hay fiebre, cansancio importante o pérdida de peso, eso hay que estudiarlo. Hay enfermedades reumáticas que debutan justo a esta edad y que se benefician mucho de un diagnóstico temprano. Si tienes dudas, reumatología antes que fisioterapia.

Lo que de verdad ayuda

Te lo digo en el orden en que yo lo priorizo, no en el orden en que apetece oírlo:

  • Fuerza. Es lo primero y lo más importante. A partir de los cuarenta y cinco se pierde masa muscular y hueso, y el único estímulo que frena las dos cosas a la vez es cargar peso. Dos días por semana cambian el año.
  • Caminar todos los días. No sustituye a lo anterior, pero es lo que mantiene la articulación nutrida y el ánimo a flote.
  • Dormir. Cuando el sueño se rompe, el umbral del dolor baja. Muchas mujeres mejoran del dolor cuando arreglan el sueño, no al revés.
  • Peso y alimentación, sin discursos culpabilizadores. Un poco menos de carga sobre rodillas y caderas se nota.
  • Hablar con tu ginecóloga. La decisión sobre terapia hormonal no es mía y no me meto, pero merece la pena tener esa conversación con información en la mano en lugar de con miedos heredados.

Y entonces, ¿para qué vengo a verte?

Para tres cosas, y te las digo claras. La primera, para que alguien te explore y descarte que lo que tienes en ese hombro concreto no sea un hombro concreto que necesita tratamiento. La segunda, porque el trabajo manual sobre una musculatura que lleva meses defendiéndose alivia, y aliviar permite empezar a moverse, que es lo que de verdad cambia el pronóstico.

Y la tercera, que para mí es la principal: para que alguien te ponga un plan y te acompañe mientras lo haces. Sé que suena poco espectacular al lado de un aparato o una técnica milagrosa. Es lo que funciona.

Esta es, por cierto, la parte de mi trabajo que más me gusta. La mayoría de las mujeres que atiendo están en este momento de la vida, cuidando de todo el mundo, y llegan pidiendo permiso para dedicarse una hora a ellas. Tienes permiso.

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